Si algo tuvo en común las líneas programáticas de las candidaturas a ediles y concejales de la última elección municipal, es el discurso sobre el barrio.
Con diferentes matices, la idea de "la defensa del barrio" se transformó en una bandera de lucha transversal a la mayoría de los candidatos quienes arguyeron de forma enérgica una preocupación sobre la protección del patrimonio histórico, la participación de la ciudadanía en la definición de los Planes Reguladores Comunales, programas de mejoramiento del equipamiento urbano y de infraestructura vial, el cese de la acelerada construcción en altura, y así sucesivamente. Esto nos da cuenta que el tema urbano ligado a la cuestión barrial está lentamente posicionándose en la agenda sistémica y tenemos la esperanza y, la voluntad de presionar para que así sea, que llegue a conformar el velo que cubre la agenda política local y la acción gubernamental central.
Esperamos que esta preocupación declarativa de parte de los candidatos se trasvase en una nueva gestión pública del gobierno local, como también que se amplíe su comprensión y no se reduzca a mejorar la competitividad de los barrios y comunas, que sin duda es necesario, sino también a promocionar y cautelar por la felicidad de sus habitantes al interior de ellos.
Preocuparnos entonces, sobre la realidad de los barrios en nuestro país es abocarnos a una reflexión sobre la cotidianidad de los vecinos y vecinas de la ciudad, de las características de sus territorios y de los particulares discursos que se enconan. Las características de los flujos masivos y transnacionales de información hoy por hoy, generan un retorno a lo micro, una avocación a lo próximo, un preocupación por lo local. De esta forma el barrio recobra valor histórico como lugar primario del emplazamiento de la vida humana, donde se construyen y comparten experiencias, se articulan valores y se experimenta la diferencia.
Fuente: Mural Barrio Yungay, Alejandro Mono Gonzáles, Julio 2006
Si partimos de este supuesto, cada barrio posee historia, memorias e identidades singulares, y genera especiales construcciones discursivas en la gente y condiciones estructurantes en el territorio. Vale decir existen distintos tipos de barrios, con diferentes características conforme a quienes la viven. Así es, como lo señalan De Pablos y Sánchez, el espacio habitado tiene una significación para cada individuo y cada grupo social, “todo barrio posee condiciones particulares que le hacen distinguirse de otros, expresándose en forma de ventajas o privilegios para sus habitantes o por el contrario como un entorno rodeado de inconvenientes” (1).
En este sentido el barrio adquiere una particular connotación material y simbólica en la calidad de vida de la gente, es el marco físico y social que contribuye a la “satisfacción vital” –diría Vega- de sus habitantes (2). Es por esto que creemos que el barrio, debiese ser eje de la acción municipal y, la felicidad de los vecinos con su lugar, el horizonte de las políticas y programas sociales. Esperamos pues, que los nuevos representantes electos y aquellos reelectos rindan cuenta de su oferta política y, más importante, que sus ciudadanos se empoderen de la misma y exijan cumplimiento de ella.
(1) DE PABLOS, J.C & SÁNCHEZ, L (2003) Estilos de vida y revitalización del espacio urbano, Papers 71, pp.11-31
(2) Ver VEGA M. T en: DE PABLOS J.C & SÁNCHEZ, L (2005) El barrio visto por sus pobladores: Búsqueda de elementos significativos para la calidad de vida, Cuadernos Geográficos, nº 036, Universidad de Granada, España.